Adam Smith y Política Fiscal

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Thelmo Vargas-Madrigal for AdamSmithWorks

Costa Rican economist Thelmo Vargas-Madrigal explains the relevance of Adam Smith's Wealth of Nations to modern discussions of public policy and the provision of public goods. 
Editor's Note: This post can be found in English translation here

Muchas e importantes son las guías que en materia de política pública ofreció Adam Smith en su monumental obra Una Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones y que mantienen hoy la misma vigencia que en 1776, cuando ella fue publicada por primera vez, con independencia de si se trata de un país desarrollado o uno en vías de desarrollo. En este escrito comentaré dos de ellas relativas a política fiscal tomadas del Libro V.
Es deber del estado:
Construir y mantener esas instituciones y obras públicas que, aunque sean enormemente ventajosas para una gran parte de la sociedad, son sin embargo de tal naturaleza que el beneficio jamás reembolsaría el coste en el caso de ningún individuo o número pequeño de individuos y que, por lo tanto, no puede esperarse que ningún individuo o grupo reducido de individuos vayan a construir o mantener.
El tipo de obras citadas son lo que se conocen como bienes públicos, para los que aplican los principios de no-exclusión (no se puede excluir de su consumo a quien no paga por ellos) y de no-rivalidad (el consumo de ellos por parte de un individuo no reduce lo disponible para los demás). Ejemplos de bienes públicos son los faros y, en cierto sentido, las calles de una ciudad.  Si del disfrute de un bien o servicio no puede excluirse a quien no paga por él, un empresario privado difícilmente lo suplirá, por lo que su suministro se le reserva al estado y el financiamiento se hace vía impuestos, no precios. 
Agrega Smith que las rentas (o impuestos) para sufragar a toda la comunidad deben ser “obtenidas de una contribución general sobre la misma, concurriendo todos sus miembros en proporción posible a sus respectivas facultades” financieras, esto es, mediante un flat tax, por el que los ricos pagan como ricos y los pobres como pobres.
Sin embargo, muchos bienes y servicios que en primera instancia pareciera constituyen típicos bienes públicos, no necesariamente lo son. Smith cita el caso de obras en la Inglaterra de su tiempo, que se financiaban con peajes, no con impuestos. En muchos países en vías de desarrollo apenas comienza a utilizarse la figura de la concesión de obra pública a la iniciativa privada -- en carreteras, puertos, aeropuertos, servicio postal-- lo cual constituye no solo un gran alivio para las finanzas públicas, sino que apareja una importante dosis de justicia distributiva y, si la concesión se realiza por un mecanismo competitivo, la calidad del respectivo servicio suele aumentar comparado con el suministro directo por una agencia pública. 
Sobre este tema, Adam Smith también hizo un importante llamado:
Los gastos locales o provinciales cuyo beneficio es local o provincial (por ejemplo, el costo de la policía de una ciudad o distrito) deberían ser pagados por un ingreso local o provincial, y nunca representar una carga sobre el ingreso general de la sociedad. Es injusto que el conjunto de la sociedad financie un gasto que beneficia sólo a una parte de la misma.
Sin embargo, no todos los países han prestado oído a esta recomendación y parte importante de su gasto público incorpora costosos subsidios a favor de grupos que no necesariamente son los más necesitados, lo que –entre otros—ha llevado a una expansión indebida del gasto, del déficit y del endeudamiento públicos.
En efecto, cuando el beneficio del gasto se puede concentrar en grupos pequeños y sonoros, y el costo pueda ser atomizado entre los muchos pagadores de impuestos, el gasto público tenderá a crecer, pues el incentivo de un miembro típico del primer grupo a defender una erogación que le beneficia directamente es muy superior al del contribuyente típico por evitarlo. 
Es muy corriente que los beneficiarios de importantes renglones del gasto público sean los propios burócratas, quienes con el paso del tiempo se han constituido en un fuerte grupo de presión en muchos países. En Costa Rica, por ejemplo, la paga a los servidores públicos es más del doble de la que reciben sus contrapartidas en el sector privado y eso ha hecho que el propio estado se convierta en un creador de desigualdad de ingreso, medida por el Coeficiente Gini, cuando uno de sus fines teóricos es contribuir a aliviarla. “Es injusto que el conjunto de la sociedad financie un gasto que beneficia solo a una parte de la misma”, pero en la práctica ese problema, de agente-principal, ocurre muy frecuentemente.
En suma, muchos son los sabios consejos que para la adecuada definición de políticas públicas suplió Adam Smith en La Riqueza de las Naciones. Tanto los políticos como los contribuyentes (taxpayers) de muchos países se beneficiarían si se tomaran el tiempo para estudiar las aproximadamente cien páginas del Libro V que nos ocupa.

Related Links:

Adam Smith on Fiscal Policy [English]
David Weil, Fiscal Policy in the Econlib Encyclopedia

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